Con trompetas y tambores, estudiantes del Colegio Mayor alientan a Caldas en la fase regional de Juegos Intercolegiados
La trompeta bajó. El muchacho que la tocaba miró al del tambor, le hizo una seña y, en un segundo, el coliseo Menor volvió a llenarse de música. Era el entretiempo del partido de fútbol de salón entre Caldas y Risaralda, en la fase regional de los Juegos Intercolegiados del Eje Cafetero. Los jugadores habían salido a tomar aire, pero en la tribuna nadie pensaba en descansar.
Así estuvo la banda del Colegio Mayor de Nuestra Señora de Manizales desde el pitazo inicial hasta el final. Un grupo pequeño, de tambores, platillos, bombo y trompetas, que llegó al coliseo con una sola tarea: que sus compañeros, que defienden la camiseta de Caldas, no jugaran solos.
La idea fue de los estudiantes de grado once. “Fue de todos nosotros, para apoyar al equipo”, cuenta Simón López. Algunos de ellos vienen juntos desde transición y han pasado por la banda marcial del colegio, los demás son compañeros de décimo y de sexto que se sumaron con la trompeta.
A los jugadores también los conocen de casi toda la vida escolar. Unos llegaron en transición, otros en sexto, y desde entonces comparten los mismos pasillos. “La relación que establecimos y llevamos con ellos es bastante fuerte. Por eso estamos acá”, añade López.
Abajo, en la cancha, Matías Valencia Flores es el capitán. Sabe lo que costó llegar hasta ahí. “No cualquiera lo hace. Dentro de cientos de equipos, nosotros fuimos los que clasificamos”. Y sabe de dónde sale el impulso cuando las piernas empiezan a pesar. “Tenemos a alguien que está atrás de nosotros alentándonos, alguien que nos incita a darle más duro, a meterle ganas”.
Cuando llegó el gol de Caldas, la banca se levantó como un solo cuerpo. Arriba, donde minutos antes había manos tapando bocas por los nervios, los compañeros saltaban. Esta vez el resultado no acompañó. “Tristemente, hoy no se dio”, reconoce Matías. Pero no se queda ahí. “Buscamos más que todo llegar a la final nacional y poder viajar con muchos honores”.
Para Simón, lo que pasa en estos juegos va más allá del marcador. Habla de “los padres que apoyan detrás, los compañeros, el colegio”, de todo lo que se mueve para que un grupo de muchachos salga a la cancha. Por eso invita a seguir la fase final de los Juegos Intercolegiados en Bogotá, donde se juntan “mucha calidad, esfuerzo, disciplina, compromiso”.
En el fútbol de salón juegan cinco por equipo. En Manizales quedó claro que el Colegio Mayor tiene uno más: no lleva número en la espalda, nunca pide cambio y no se cansa. Juega desde la tribuna, con bombo, platillos y una trompeta.
